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Jueves 20-Jun-13 | 19 Visitas | 0 Comentario(s)
Regresan las Reflexiones sobre la bocina con el objetivo de hacer más llevaderas las horas previas al séptimo partido entre Heat y Spurs. Hace un año publicamos en este mismo apartado unas Reflexiones dedicadas a enumerar los hechos más destacados de la campaña 2011-2012 de la NBA. Aquel artículo obtuvo un éxito sin precedentes y recibió el aplauso unánime de la crítica (concretamente, el del propio autor, que no dudó en situarse ante el espejo y dedicarse unos piropos), por lo que nos vemos en la obligación de difundir la edición 2012-2013 del decálogo de sucesos memorables de la mejor liga de baloncesto del planeta, coronado por el acontecimiento que por siempre marcará nuestro recuerdo de esta temporada.
Por supuesto, todo lo que se explica a continuación quedaría invalidado si en el partido de esta noche sucede algo extraordinario como, por ejemplo, que Tracy McGrady meta una canasta o Joel Anthony haga algo de provecho sobre una pista de baloncesto. Pero, mientras tanto, nuestra selección es ésta:
1- Mudanzas Prokhorov.

Reconstrucción de los hechos.
Por lo visto, Jay-Z no tenía suficiente con vender unas cifras obscenas de discos y estar casado con Beyoncé. Al muchacho le hacía ilusión tener un equipo en casa, porque los Knicks no le valían y cruzar el túnel para llegar hasta New Jersey era muy fatigoso. Así que decidió trasladar a los Nets a Brooklyn. La reconstrucción de los hechos en mi perversa imaginación es más o menos así: el rapero contrató a “Mudanzas Prokhorov S.A.” para que enviaran un camión al Prudential Center de New Jersey. De él bajaron dos hombretones, estrictos seguidores de una dieta a base de pizza y cerveza, para envolver a Deron Williams, Brook Lopez, Joe Johnson y compañía en plástico de ése de burbujitas y empaquetarlos en cajas con unas pegatinas en la que se leía “FRÁGIL”. Sin embargo, se les olvidó etiquetar la caja en la que metieron a Avery Johnson, que lametablemente se rompió por el camino, así que los Nets tuvieron que rebuscar entre los trastos viejos para encontrar un nuevo entrenador. Lo único que apareció fue a Carlesimo.
2- Lillard o la teoría del equilibrio.
Supongo que se llegó a un punto en que a los Blazers les tenía que pasar algo bueno por fuerza. Será el destino, el karma o la teoría de Jorge Luis Borges según la cual lo bueno y lo malo, lo virtuoso y lo mediocre, existen para compensarse (por ejemplo, Smush Parker existe porque Magic Johnson existe), la cuestión es que Portland tiene base para rato y nosotros hemos disfrutado de una de las mejores campañas de un rookie de la historia. Parece oportuno recordar que los Blazers lograron la elección del draft que les proporcionó a Lillard a cambio de Gerald Wallace, quien ha promediado esta temporada en Brooklyn 7,7 puntos con un 39,7% en tiros de campo tras firmar un nuevo contrato de 40 millones de dólares. Ups.
3- Stop the flop!

La 2012-2013 ha sido la temporada en la que la NBA estableció por primera vez medidas contra el flopping. ¿Por qué ahora? En realidad, es culpa de la propia NBA, que vetó el traspaso de Chris Paul a los Lakers pero en cambio dio el visto bueno a su marcha a los Clippers. Un equipo con CP3 y Griffin garantiza espectáculo y, sobre todo, flops memorables (qué gran invento, los gif). No es que tengamos nada en contra de aquellos jugadores que deciden sacrificar su integridad física en busca del beneficio de sus equipos mediante el noble método del piscinazo. David Stern, sin embargo, es amante de la ortodoxia y ha decidido poner freno a todo esto por medio de un sistema de multas cuya eficacia me permito poner en cuestión. Para ello, acompañadme por un momento al interior de la mente de Chris Paul, como si se tratase de “Érase una vez la vida” (espero no ser el único con la edad suficiente para haberla visto): el personaje pelirrojo, el ‘malo’, trataría de convencer a Paul para que finjiese una falta mientras intenta pasar un bloqueo, pero entonces llegaría una neurona (que, si recordáis, eran como un cruce entre un pitufo y un espermatozoide) y entregaría un mensaje al cerebro del jugador: “Si lo haces, la NBA podría multarte con 5.000$”. Chris Paul dudaría por un instante, pero entonces aparecería una segunda neurona para recordarle que tiene tantos millones en la cuenta bancaria que no se los gastaría ni siguiendo el plan de ahorro de Antoine Walker. La escena acabaría con Paul tendido sobre el parquet y los árbitros señalando la falta correspondiente.
4- Caídos en combate.
Cada año tenemos la sensación de que se producen más lesiones que nunca. Esta vez no es sólo una sensación. Jamás ha habido tantas estrellas con lesiones largas, de las que condicionan profundamente las temporadas de sus equipos, provocan que las audiencias bajen y hacen que no valga la pena pagar el precio de una entrada. Recopilemos un pequeño listado: Derrick Rose y Andrew Bynum no han disputado un solo segundo esta temporada, y, de los 82 partidos de regular season, Rajon Rondo se ha perdido 44, Kevin Love 64, Anderson Varejao 67, Danny Granger 77, Amaré Stoudemire 53, Pau Gasol 33, Steve Nash 32… y a ellos se sumaron, en el tramo final de regular season o ya iniciados los Playoffs, Kobe Bryant, Danilo Gallinari, Russell Westbrook, David Lee y Luol Deng. La NBA sigue exprimiendo a sus jugadores y difícilmente corregirá la locura que supone disputar cerca de un centenar de partidos entre octubre y mayo, de la misma manera que no corregirá los inacabables tiempos muertos y los partidos que llegan a alargarse por encima de las 3 horas. Una pista sobre los motivos por los cuales no se corregirá todo esto: ba$ketball rea$on$.
5- Stern vs Popovich.

Sólo puede quedar uno.
¡Y encima (siguiendo el discurso del punto anterior), multan a un técnico por proteger a sus jugadores! De acuerdo que Popovich no destaca por sus dotes diplomáticas, y no tuvo otra ocurrencia que mandar a casa a sus estrellas antes de un partido en pista de los campeones que iba a ser televisado para todo el país. Pero el técnico sabía lo que se hacía, y de hecho los Spurs son prácticamente el único equipo que ha llegado a Playoffs en plenitud fìsica. Popovich lleva años reservando a sus jugadores, administrando el físico de los suyos para las citas importantes, y nunca antes había forzado la confrontación contra la liga de esta manera. ¿Creéis que es casualidad que Pops eligiese ese día, ese rival y esas circunstancias para dar descanso a Duncan, Ginóbili, Parker y Green? La furia de Stern, probablemente azuzada por un telefonazo del director de la TNT (quien, a su vez, seguro que tuvo que lidiar con los patrocinadores de sus retransmisiones de NBA), le costó a los Spurs 250.000$. El resto de propietarios de la liga está en deuda con Peter Holt, encargado de pagar la factura.
6- All in for… los años sabáticos.
Que levanten la mano los que hayan acabado hasta el gorro del dichoso all in for d rose. Y ni me quiero imaginar lo que deben de sentir los aficionados de los Bulls, que han tenido que sufrir la lesión de su jugador franquicia envasada y servida en forma de una insistente campaña de marketing que resultó especialmente dolorosa a partir del momento en el que los servicios médicos dieron el alta a Rose. Antes de cada partido se especulaba con su regreso y cada nueva ausencia era una pequeña puñalada. Al menos su baja nos ha permitido asistir a una gesta mayúscula de los Bulls, con un par de azañas de Nate Robinson y el florecer de Jimmy Butler. Otro que se ha tomado un año sabático es Andrew Bynum. Los aficionados de Philly no han tenido que soportar una puesta en escena de sus angustias pero lo cierto es que Bynum será agente libre en cuestión de semanas y es más que posible que el jugador por el que los Sixers se desprendieron de Iguodala, Vucevic y Harkless abandone el equipo sin siquiera haber debutado. Pero al menos Bynum se ha comportado de un modo extremadamente profesional y respetuoso hacia la franquicia, no es como si apenas unas semanas después de su última operación de rodilla se hubiese venido a España a bailar flamenco, ni nada.
Oh, wait…
7- Un señor con barba.
Se acababa octubre y nosotros contábamos los segundos que faltaban para que empezase la regular season cuando nos enteramos de que los Thunder habían traspasado a James Harden. Después de una temporada que había coronado a Harden como mejor sexto hombre, finalista de la NBA y campeón olímpico, el caché del jugador se disparó por encima de lo que los Thunder podían o estaban dispuestos a pagar. Porque, claro ¿por qué dar prioridad a Harden cuando puedes comprometer 21 millones anuales en Perkins e Ibaka? Ante la descomunal pillada de dedos de Sam Presti, ahí estaba Daryl Morey para echarle un cable con un pack que incluyó a Kevin Martin, Jeremy Lamb y unas cuantas rondas. Apenas cuatro días más tarde, Harden debutaba con los Rockets en Detroit y cualquier expectativa que tuviésemos para él se quedó corta. Fue nombrado jugador de la semana en un anticipo de lo que sería su temporada, durante la cual alcanzó la condición de All-Star, fue el único capaz de acompañar a los Fab 4 (Melo, Durant, Kobe y LeBron) por encima de los 25 puntos por partido y condujo a los Rockets de vuelta a unos Playoffs que no pisaban desde 2009. Y, por encima de todo, Harden ha sido uno de los grandes animadores de la campaña y, en muchos momentos, el jugador más divertido para ver en acción, un título honorífico que comparte con el protagonista del siguiente punto.
8- Tres es más que dos.
Stephen Curry se ha dedicado esta temporada a aplicar la lógica matemática más sencilla: ¿por qué sumar de dos en dos cuando puedes hacerlo de tres en tres? A su indiscutible clase, su talento innato y su extraordinario acierto desde detrás de la línea de triples, Curry ha añadido un componente que le distingue de los tiradores clásicos, el de la espectacularidad, gracias en parte a una técnica depurada que se expande mucho más allá de la mecánica de lanzamiento y que le permite crearse sus propios tiros. Eramos plenamente conscientes de que asistíamos a algo especial durante esos terceros cuartos que Curry protagonizó en Playoffs, con rachas en las que anotaba desde más allá de 8 metros con una facilidad que sólo le recordamos, tal vez y de manera muy esporádica, al mejor Gilbert Arenas, el McGrady de hace una década o al Kobe Bryant de las orgías anotadoras. Para hacernos una idea de dónde situar a Curry con respecto a los grandes tiradores de la historia de la liga sobra con la estadística que ofreció la TNT durante la retransmisión del partido en el que Curry batió el récord de Ray Allen de triples anotados en una regular season:

Es decir: durante sus 254 primeros partidos en la NBA, Steph Curry ha anotado prácticamente el doble de triples que Reggie Miller y 214 más que Ray Allen. Efectivamente, estimado lector, su conclusión es correcta: nos hallamos, probablemente, ante el mejor lanzador de la historia. Ahora, a poner velas a la Virgen de la Bahía para que esos tobillos no nos priven de él.
9- Me quedo; no me quedo; me quedo; no me quedo; ¡me quedo!
Al fin se deshojó la margarita de los Kings, que seguirán en Sacramento y no sólo eso, sino que además lo harán en manos ajenas a las de los Maloof. Albricias en ración doble para sus aficionados después de que la calamitosa gestión de los hermanos arrastrase la franquicia a la miseria y que, para rematarlo, acordasen la venta de los Kings a un grupo de Seattle encabezado por el jefazo de Microsoft que, obviamente, planeaba resucitar así a los Sonics. Para evitarlo, hizo falta la negativa de la Board of Governors de la NBA (básicamente, los propietarios de equipos o representantes suyos) y la intervención del alcalde Kevin Johnson, quien curiosamente no jugó nunca para los Kings pero que, después de lo que ha logrado, merece que su camiseta -le recordaremos siempre con el 7 de los Suns- cuelgue del techo del nuevo pabellón que se construirá. Merece la pena recuperar el detallado artículo que nos brindó el compañero Sancho hace poco más de un año, cuando parecía que los Maloof, con la ayuda del ayuntamiento de la ciudad, aseguraban la continuidad de la franquicia en la capital de California. Todo aquello se torció (en el último comentario de aquella entrada se explican los motivos) y la situación de los Kings volvió a pender de un hilo. Afortunadamente para la ciudad, para el equipo y para sus fans, aquellas complicaciones han llevado a la desvinculación prácticamente total de los Maloof y la llegada de un nuevo grupo gestor para una franquicia necesitada de un drástico cambio de rumbo.
10- Haters Anónimos.

Hola, me llamo Nacho y soy un hater. El primer paso, dicen, es reconocerlo, así que lo reconozco: detesto a LeBron James. Es demasiado alto, demasiado rápido, demasiado ágil, demasiado atlético, demasiado bueno. Me molestan su ridículo pelo y la cinta con la que trata de disimularlo, ese tiro en suspensión tan feo, la manera en la que dribla hacia su izquierda, la mecánica de sus tiros libres. Me saca de quicio su absurda capacidad para lograr jugadas de canasta y tiro adicional, de pasar por encima de los rivales como si fuese un Terminator, de defender a jugadores más rápidos o más altos que él. No es justo para el resto de la humanidad, que lo mira desde el peldaño inferior de la escala evolutiva. Me cae mal LeBron y me caen mal sus compañeros. Calculo que si su estancia en los Heat se prolonga un par de temporadas más, incluso conseguirá que me caiga mal Pat Riley, de quien soy un absoluto devoto. Así de grave es el tema. Lo pasé mal, muy mal, durante la racha de 27 victorias de los Heat, unas semanas en las que LeBron se elevó por encima de sus asquerosamente altos estándares. Siento que me va a dar urticaria mientras escribo sus números en los 13 partidos que disputó Miami en febrero: 29,7 puntos (64% en tiros de campo, 43% en triples), 7,5 rebotes, 7,8 asistencias, 1,8 robos y 0,6 tapones. Pinta que voy a necesitar antihistamínicos y terapia de Haters Anónimos durante unos cuantos años.
GANADOR- Del creador de “Sustituyamos a Phil Jackson con Mike Brown” llega a sus pantallas…

Qué listos somos todos. Tan listos somos que ya vimos en agosto que los Lakers fracasarían, que Kupchak es un GM inepto, que Nash estaba acabado, que Howard es un gañán, que a Gasol le tienen manía en L.A. y que Kobe lo echaría todo a perder como el chupón egocéntrico que es. No, a nosotros no nos pilló por sorpresa lo de los Lakers, porque somos muy listos. En casos como éste, se trata de hablar con convicción: “yo ya sabía que pasaría esto”, y esperar que nadie revise lo que dijimos en verano, que por lo general viene a ser todo lo contrario. Al fin y al cabo, de eso trata el periodismo deportivo, de remar a favor de corriente ¿no? No se indigne, apreciado lector, si es uno de los pocos que sí presagiaron cuán dramática resultaría la campaña para los Lakers, porque esto no va para usted sino para el resto de nosotros, que sólo metemos capote a toro pasado y no vemos más que faltas en todas las decisiones de la front office angelina pese a que en agosto clamábamos por la canonización de Kupchak. En realidad, no deberíamos fustigarnos por habernos equivocado. Jamás, en toda la historia de la liga, se había producido una diferencia tan pronunciada entre las expectativas creadas en torno a un equipo y el rendimiento final ofrecido por el mismo. Así que no me esconderé: yo dije que los Lakers serían campeones. Sinceramente, así lo creía. No era un convencimiento cegado, simplemente me parecía una conclusión lógica fruto de los movimientos completados por la franquicia. No pensaba que los problemas de espalda de Dwight Howard se alargarían durante todo el año, ni anticipé que el equipo se quedaría sin sus dos bases en la primera semana de competición, ni pude imaginar que Gasol se arrastraría hasta prácticamente el último mes de fase regular, y desde luego que no se me pasó por la cabeza que, tras 17 años en la liga, Kobe Bryant sufriría a las puertas de los Playoffs la lesión más grave de su carrera. Por supuesto, tampoco se me ocurrió que los Lakers despedirían después de cinco partidos al inepto Mike Brown (que digo yo que en junio era tan inepto como en noviembre) para sustituirlo por otro técnico todavía más inadecuado para la plantilla confeccionada. La combinación de errores propios y mala fortuna parió una temporada de lo más entretenida, que circuló entre el surrealismo de las decisiones de D’Antoni, las penurias en el rendimiento de varios jugadores capitales y la épica de las actuaciones de Kobe Bryant, un verdadero prodigio a sus 34 años hasta aquella fatídica noche de abril. ¡Y nosotros que pensábamos que aquellos Lakers de Payton y Malone fueron un fracaso! En cualquier caso, reconozcamos a este equipo que sus aventuras y desventuras han resultado de lo más entretenido, como una película producida por Jerry Bruckheimer, con mucho presupuesto y buenos actores protagonistas pero con un pésimo director a los mandos y un guion sin pies ni cabeza. Los Lakers de los 100 millones de dólares no fueron capaces de ganar un solo partido de Playoffs pero se llevan nuestro reconocimiento como la historia principal de esta temporada que ya capitula. Enhorabuena a los premiados.
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